Podría ser necesaria una austeridad fiscal severa para abordar la crisis de deuda de EE. UU.
El economista Jeffrey Frankel sugiere que una austeridad fiscal severa podría convertirse en la solución más probable para la crisis de deuda de EE. UU., posiblemente tras una calamidad fiscal grave.
La deuda pública de Estados Unidos ha alcanzado el 99 % del PIB y se proyecta que llegará al 107 % para 2029, superando el récord posterior a la Segunda Guerra Mundial. El servicio de la deuda actualmente supera los 11 mil millones de dólares semanales, representando el 15 % del gasto federal en este año fiscal.
El economista Jeffrey Frankel, en un reciente artículo de opinión, evaluó las posibles soluciones al aumento de la deuda:
Crecimiento económico más rápido: Poco probable debido a una fuerza laboral en disminución; las ganancias de productividad impulsadas por la IA son insuficientes para frenar la deuda.
Tasas de interés más bajas: La era previa de tasas bajas fue una anomalía y no se espera que regrese.
Default (incumplimiento): Impráctico dado que ya existen dudas sobre la seguridad de los bonos del Tesoro, especialmente tras recientes shocks arancelarios.
Inflación: Reducir el valor de la deuda mediante la inflación es tan perjudicial como el default.
Represión financiera: Requeriría que el gobierno obligue a los bancos a comprar bonos con rendimientos artificialmente bajos.
Frankel concluye que "queda una posibilidad: una austeridad fiscal severa." Lograr una trayectoria de deuda sostenible podría requerir eliminar casi todo el gasto en defensa o casi todos los gastos discrecionales no relacionados con defensa. Advierte que tales medidas de austeridad probablemente se implementarán solo después de una crisis fiscal grave, y que serán necesarios ajustes más radicales cuanto más se demore.
Esta perspectiva coincide con análisis previos, como una nota de Oxford Economics, que indicaba que la insolvencia anticipada de los fondos fiduciarios de la Seguridad Social y Medicare para 2034 podría actuar como catalizador para la reforma fiscal. Los legisladores podrían inicialmente permitir que estos programas recurran a los ingresos generales, lo que podría desencadenar reacciones negativas en el mercado de bonos y requerir un retorno a un enfoque centrado en la reforma.
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