Escalada en Medio Oriente mientras Israel e Irán atacan instalaciones energéticas clave
El ataque de Israel al campo de gas South Pars de Irán provoca ataques retaliatorios iraníes contra la infraestructura energética del Golfo, intensificando las tensiones regionales y afectando los mercados energéticos globales.
Israel llevó a cabo un ataque aéreo contra el campo de gas South Pars de Irán el 18 de marzo de 2026, apuntando a un componente crítico de la infraestructura energética iraní. El campo South Pars, compartido con Catar, suministra aproximadamente el 80% del gas natural de Irán, esencial para la electricidad y calefacción domésticas.
En respuesta, Irán lanzó ataques con misiles y drones contra instalaciones energéticas en Catar, los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Kuwait. QatarEnergy informó daños extensos en su planta de gas a líquido de Ras Laffan, lo que llevó a la paralización de la producción de gas. La planta de gas Habshan y el campo Bab en los Emiratos Árabes Unidos también fueron atacados, resultando en cierres debido a la caída de escombros. Arabia Saudita y Kuwait reportaron ataques similares en su infraestructura energética.
Estos acontecimientos han provocado conmoción en los mercados energéticos globales, con los precios del crudo Brent superando los 110 dólares por barril, marcando un aumento de más del 50% desde que comenzó el conflicto el 28 de febrero.
El presidente Donald Trump declaró que Israel actuó de manera independiente en el ataque a South Pars y enfatizó que Estados Unidos no estuvo involucrado. Advirtió a Irán contra nuevos ataques a la infraestructura energética del Golfo, amenazando con una severa represalia estadounidense si tales acciones continuaban.
Las naciones del Golfo afectadas condenaron las acciones de Irán como una peligrosa escalada. El ministro de Relaciones Exteriores saudí, Faisal bin Farhan, comentó: "La poca confianza que quedaba en Irán ha sido completamente destruida."
Amnistía Internacional hizo un llamado a todas las partes para que se abstengan de ataques ilegales contra la infraestructura energética, destacando el potencial daño devastador a civiles y al medio ambiente.
La situación sigue siendo volátil, con el potencial de una mayor escalada que representa riesgos significativos para la estabilidad regional y el suministro energético global.