El economista Jason Hickel analiza el apoyo de las democracias liberales a los conflictos extranjeros
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El economista Jason Hickel analiza el apoyo de las democracias liberales a los conflictos extranjeros

Resumen

El economista Jason Hickel examina las razones estructurales detrás del apoyo constante de las democracias liberales a los conflictos extranjeros, atribuyéndolo a las contradicciones inherentes entre los valores democráticos y los imperativos capitalistas.

El economista y antropólogo Jason Hickel explora el patrón persistente de las democracias liberales de apoyar conflictos extranjeros, a pesar de su compromiso declarado con los derechos humanos y la democracia. Él atribuye esto a una contradicción fundamental dentro del liberalismo: el compromiso simultáneo con los principios democráticos y los imperativos del capitalismo. Cuando estos compromisos chocan —como cuando defender los derechos humanos en el extranjero amenaza las ganancias corporativas— los estados liberales priorizan consistentemente los intereses del capital.

Hickel sostiene que esta priorización no es resultado de una hipocresía individual, sino una característica estructural del sistema, donde el poder económico está concentrado entre quienes poseen capital. Esta concentración permite que entidades como los contratistas de defensa influyan en la política exterior mediante el cabildeo, las contribuciones a campañas y la propiedad de medios, anulando efectivamente la toma de decisiones democrática.

Un ejemplo histórico que ilustra esta dinámica es el golpe de Estado de 1953 en Irán. En respuesta a la nacionalización de la industria petrolera por parte del primer ministro Mohammad Mosaddegh, Estados Unidos y el Reino Unido orquestaron un golpe para proteger los intereses petroleros occidentales. Esta intervención condujo a la instalación de un régimen pro-occidental, destacando cómo los intereses económicos pueden impulsar decisiones de política exterior que contradicen los valores democráticos.

Hickel también señala que las democracias ricas a menudo externalizan la violencia necesaria para mantener sus sistemas económicos, lo que les permite defender los derechos humanos a nivel doméstico mientras apoyan conflictos en el extranjero. Esta externalización posibilita la continuación de la acumulación de capital sin interrupciones internas.

El economista enfatiza que abordar este problema requiere más que elegir líderes diferentes; es necesaria una presión pública organizada y sostenida para realinear las prioridades políticas con los valores democráticos por encima de los intereses del capital.

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